
Los participantes en la última edición del Villamejor abordaban la curva del Pardo y ya estaba bastante claro quién iba a ser el ganador. Roberto Montenegro hacía la estatua sobre Karluv Most mientras el resto de sus rivales acusaban ya la dureza del metraje. Sus principales rivales tenían bastantes puntos de incertidumbre, ya que Le Feu du Ciel aún no había sido probado a este nivel ni tampoco en la hierba, por su parte, Carlota y Choose a Ring, si bien habían rendido a satisfacción en el entorno de los dos kilómetros, a fin de cuentas son hijas de Stravinsky y Choisir, dos sprinters que apenas transmiten stamina a su descendencia.

Así las cosas, el favorito no tuvo la menor complicación para imponerse, jugando con el lote desde la entrada de la recta hasta la meta. Se trata de un caballo de listed y, por detrás de él, venían dos maiden y uno que perdió tal condición hace un par de semanas en una segunda parte. Es la segunda edición consecutiva de esta carrera que se salva gracias al ganador. Si el año pasado Faramir evitaba una gemela de caballos que venían del hándicap, este año casi podemos decir lo mismo. A Porquenotecallas le suponíamos un alto potencial desde que debutó, pero ya sabemos que el Duque de Alburquerque trabaja despacio, y esto es también aplicable a Carmanor, notable cuarto en la mejor carrera de su vida. Es claramente una cuadra al alza en este final de temporada. Quien nos sorprendió más fue Pelayo. El pupilo del voluntarioso preparador Hernando López salió a hacer su carrera, ajeno al ritmo de vanguardia, esperando al final con la escopeta cargada. Su remate fue quizás lo más reseñable de la carrera, al margen, por supuesto, del ganador.
Karluv Most es otra acertadísima adquisición de la Cuadra Cholaica, que ya tocó el cielo con su primer producto, la tristemente malograda Rituss. Se trata de un producto de la primera generación de Della Francesca, uno de esos ejemplares de la armada de Coolmore que apuntan muy alto hasta que la selección “natural” aplicada por esta factoría puso de manifiesto que la élite le quedaba un poco grande. Pese a todo consiguió ganar un par de grupos y algunas colocaciones al máximo nivel. Pero lo más interesante de su origen está no tanto en el padre como en la línea femenina. Karluv Most es nieto de Lavanda (es decir, sobrino de Yepes), por tanto su cuarta madre es la fabulosa Pasadoble, madre de la inigualable Miesque. Por más que tanto Yepes como Miesque brillaran en la milla, esta línea ha sido responsable de otros muchos caballos con buenas aptitudes fondistas pero, sobre todo, de mucha clase.
El resto de la jornada en unas pinceladas

Se nos acaban los adjetivos para Bárbara Valentí. La gestión de sus caballos es impecable y esta vez vimos nuevamente a Verdana pasar por ganadores (ya van cinco con casi 60.000 euros en premios). Esta yegüita tiene una punta de velocidad muy maja y ha conseguido una mayor fijeza en su remate, arma letal en este tipo de pruebas. Por detrás entraron los dos ejemplares de Roberto López, otro preparador de confianza para los apostantes y que tiene la desgracia de que no oculta nunca nada, lo que supone un duro castigo en el hándicap para sus pupilos. La prueba Kotak, ahogado con 61 kilos debido a colocaciones menores. Hay otros que no avisan.

Afortunadamente en esta ocasión la segunda parte sí tuvo un resultado consecuente con las últimas actuaciones de los participantes y Estación Central y Caníbal formaron la gemela. Ambos venían de correr de fábula tras un Porquenotecallas que refrendó el alza posteriormente en el Villamejor.

La de potros fue a parar a los boxes de Guillermo Arizcorreta gracias al arrollador remate del enorme ariete que montaba José Luis Borrego. Tras algunos titubeos en busca de hueco, el hijo de Kingsalsa demarró en cuanto vio camino libre y puso de acuerdo a los demás. La impresión fue muy buena.

Lo mismo podríamos decir de Salsarix, que desafió al peso y reivindicó su superior categoría con una victoria espectacular, en gran parte gracias a un fantástico Horcajada que supo tapar al caballo todo lo que pudo para que éste acusara en menor medida la durísima escala que portaba.
Y, hablando de escalas, Persian Lake llevaba dos carreras seguidas corriendo con 66 y 60 kilos respectivamente, la última con un recorrido precipitado nada conveniente. Aquí destacaba por clase, no olvidemos que antes de su lesión se colocó en el Carlos Sobrino y en la Copa de Criadores, y pudo imponerse a una Saphyra en plenitud de forma.





























